lunes, febrero 06, 2006
viernes, febrero 03, 2006
Texto para muestra SO II
El Sexo Oral de Noemí Ramírez
“Aquello que es, es; lo que no es, no es”
Cuando vemos las fotografías de Noemí Ramírez –en donde ella es la protagonista de sus imágenes- podemos percibir su inquietud por consolidar su presencia y mostrarse de una forma dividida a través de la auto observación, buscando ser deseada, comprendida y reconocida pero en otras actitudes o situaciones distintas a su cotidianidad. Utilizando el disfraz, el erotismo y la sensualidad para provocar la sugestión por medio de un análisis corporal que lleva a estimular el deseo instintivo del contacto sexual.
Se podría pensar que utiliza los recursos de la pornografía y el erotismo –tomando en cuenta la diferencia entre estos dos términos-, el exhibicionismo y la constante búsqueda de la identidad. Pero, si bien echa mano de todos ellos (como la sugerencia simbólica para estimular al espectador o representación de situaciones sexuales explícitas mediante un fetiche sexual –el teléfono- como ingrediente del sexo oral), se percibe en su obra cierto abandono... una sensación de pérdida y disolución de la individualidad.
Así, la necesidad de ser ella misma en otras situaciones, utilizando vestimenta, gestos, posiciones y comportamientos en la intimidad al intentar ser percibida de forma distinta por el espectador -y por ella misma- la llevan a descubrir lo lúdico en la búsqueda de la identidad.
La obra de Noemí Ramírez remonta a las películas soft porn en donde se recrean ambientes con tonos cálidos que evocan a la vez objetos propios del fetiche. Se muestra a sí misma como objeto sexual –la femme fatale- pero abarcada en una persona racional y sensible a través de encuadres que parecieran clásicos pero en los que generalmente las escenas están cortadas, no siempre vemos entero el cuerpo de la artista; los planos cortan a veces (su rostro, sus piernas, su abdomen) y recuerdan las fotografías cargadas de un fuerte contenido sexual y espontáneo de Natacha Merrit en sus Digital diaries y por otro lado al fotógrafo Chas Ray Krider y su Motel Fetish, en donde retoma la estética del cine negro, la del motel de paso y exhibe a la mujer en atuendos y poses muy sugerentes.
Podría considerarse un cliché, pero el hecho de que Noemí en la “vida real” se muestre totalmente diferente de como aparece en sus imágenes nos llama a buscar -y descubrir- qué hay detrás de las fotografías que nos invitan a practicar el “sexo oral” desde su perspectiva... Aunque algunas personas –aún en estos días- se sientan violentadas y agredidas al escuchar el término, sin analizar que para eso está el teléfono.
-Ricardo Velazko, Febrero del 2006 en Copilco
“Aquello que es, es; lo que no es, no es”
Cuando vemos las fotografías de Noemí Ramírez –en donde ella es la protagonista de sus imágenes- podemos percibir su inquietud por consolidar su presencia y mostrarse de una forma dividida a través de la auto observación, buscando ser deseada, comprendida y reconocida pero en otras actitudes o situaciones distintas a su cotidianidad. Utilizando el disfraz, el erotismo y la sensualidad para provocar la sugestión por medio de un análisis corporal que lleva a estimular el deseo instintivo del contacto sexual.
Se podría pensar que utiliza los recursos de la pornografía y el erotismo –tomando en cuenta la diferencia entre estos dos términos-, el exhibicionismo y la constante búsqueda de la identidad. Pero, si bien echa mano de todos ellos (como la sugerencia simbólica para estimular al espectador o representación de situaciones sexuales explícitas mediante un fetiche sexual –el teléfono- como ingrediente del sexo oral), se percibe en su obra cierto abandono... una sensación de pérdida y disolución de la individualidad.
Así, la necesidad de ser ella misma en otras situaciones, utilizando vestimenta, gestos, posiciones y comportamientos en la intimidad al intentar ser percibida de forma distinta por el espectador -y por ella misma- la llevan a descubrir lo lúdico en la búsqueda de la identidad.
La obra de Noemí Ramírez remonta a las películas soft porn en donde se recrean ambientes con tonos cálidos que evocan a la vez objetos propios del fetiche. Se muestra a sí misma como objeto sexual –la femme fatale- pero abarcada en una persona racional y sensible a través de encuadres que parecieran clásicos pero en los que generalmente las escenas están cortadas, no siempre vemos entero el cuerpo de la artista; los planos cortan a veces (su rostro, sus piernas, su abdomen) y recuerdan las fotografías cargadas de un fuerte contenido sexual y espontáneo de Natacha Merrit en sus Digital diaries y por otro lado al fotógrafo Chas Ray Krider y su Motel Fetish, en donde retoma la estética del cine negro, la del motel de paso y exhibe a la mujer en atuendos y poses muy sugerentes.
Podría considerarse un cliché, pero el hecho de que Noemí en la “vida real” se muestre totalmente diferente de como aparece en sus imágenes nos llama a buscar -y descubrir- qué hay detrás de las fotografías que nos invitan a practicar el “sexo oral” desde su perspectiva... Aunque algunas personas –aún en estos días- se sientan violentadas y agredidas al escuchar el término, sin analizar que para eso está el teléfono.
-Ricardo Velazko, Febrero del 2006 en Copilco
miércoles, febrero 01, 2006
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